PSIQUIATRÍA INFANTIL
NIÑOS / JOVENES

El psiquiatra de niños y adolescentes hace uso de sus conocimientos biológicos, psicológicos y de los factores sociales al trabajar con los pacientes. Inicialmente, un examen comprensivo de tipo diagnóstico se lleva a cabo para evaluar el problema presente, prestando atención a los componentes físicos, genéticos, de desarrollo, emocionales, cognoscitivos, educacionales, familiares, de sus pares y sociales. Cuyo enfoque se orienta en la prevención, detección, tratamiento y rehabilitación de condiciones que afecten el adecuado desarrollo biopsicosocial de niños, adolescentes y jóvenes, con el objetivo promover un desarrollo psicológico normal y prevenir que estas condiciones se perpetúen en la adultez.



PROBLEMAS A TRATAR

  • Problemas de Depresión

  • Problemas de Insomnio

  • Problemas de Ansiedad

  • Problemas de Integración con pares

  • Problemas de Timidez Excesiva

  • Problemas de Déficit Atencional

  • Problemas de Fobias

  • Problemas de Espectro Autista

PROBLEMAS A TRATAR

  • Trastornos de Ánimo

  • Trastorno de Pánico

  • Trastornos Alimentarios

  • Trastornos de Personalidad

  • Trastornos Bipolares

  • Trastornos del Sueño

  • Trastornos Ansiosos

  • Trastornos del Depresión

ALGUNAS PREGUNTAS FRECUENTES

Depende mucho de la edad y de la patología, pero “debido a que un psiquiatra está más preparado para identificar trastornos mentales, recomendaría primero llevarlo ahí, y en relación a lo que se determine con el psiquiatra, este mismo debiese derivar al profesional que se estime conveniente”. Y esto no solo se limita a salud mental, si no en otras áreas de la salud, como los pediatras, neurólogos infantiles, etc.

El trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH) es la condición neurobiológica más prevalente en niños y adolescentes, asociada a importante impacto funcional, personal, familiar y social. El diagnóstico es clínico y se fundamenta en una cuidadosa historia personal y familiar, en un detallado examen físico, mental y neurológico y en la realización de estudios y evaluaciones complementarias que apoyan el diagnóstico.

Los recién nacidos duermen aproximadamente 16 horas al día durante las primeras semanas, de 2 a 4 horas por vez, las que luego comienzan a transformarse en un claro predominio del sueño más prolongado y continuo en la noche. Sin embargo, hay veces en que es casi imposible lograr que concilien el sueño por largos períodos. Aquí, se recomienda bajar las luces, poner una música tranquila, motivarlos con un baño de agua caliente, acostarlos en la cuna y acompañarlos hablándoles o contándoles un cuento. Si despierta en la noche, realiza movimientos suaves, habla despacio y no prendas las luces. Esto ayudará a que el niño entienda que es hora de dormir y no de jugar.

Una vez aclarado el diagnóstico, se debe realizar un tratamiento integral. Se debe partir el tratamiento por los cuadros acompañantes si es que los hay; porque a veces, al tratarlos disminuyen los síntomas que pueden parecer un TDAH sin serlo. El concepto general es que esto es multidisciplinario: El apoyo escolar: se debe coordinar con el colegio para que sepan que están con un niño con estas características, explicando de qué se trata. Se les pide a los profesores flexibilidad frente a las conductas de este niño: va a ser necesariamente más inquieto, va a tener a veces respuestas impulsivas. Obviamente no se le puede permitir que transgreda reglas importantes como golpear compañeros o insultar a un profesor. Pero que se esté moviendo en la silla o que se balancee pueden ser conductas aceptables, que no lo dañan a él ni al resto. Hay que pensar en conjunto estrategias para que canalice su energía y pueda tener áreas en que se sienta competente, como por ejemplo el deporte, que tenga la posibilidad de salir unos minutos de la sala si está agobiado entre otras cosas. Puede que sea necesario el apoyo pedagógico y la evaluación diferenciada según la gravedad del caso. Los padres: muchas veces los padres se exasperan por los resultados académicos de los niños y por el constante apremio del colegio para que funcione bien. Hay veces que me encuentro con “padres-abogados”, que defienden a su hijo a como dé lugar del colegio como agresor. Luego están los “padres jueces”, que se alinean con las reglas más rígidas del colegio y eso tampoco favorece el proceso. La actitud esperada es de una lenta aceptación que tienen un hijo con dificultades para autorregularse y que hay que ayudarlo en desarrollar conductas y estrategias que le permitan lograr esto. Lo ideal es coordinarse con el colegio, buscar una forma de ayudarlo a través del refuerzo positivo (premios proporcionales al esfuerzo, siempre les pido a los padres que no se endeuden por un premio!!) y las reglas claras, además de los apoyos pedagógicos mencionados antes. Apoyo profesional: en este aspecto el psiquiatra debe determinar si es necesario o no el tratamiento medicamentoso según la gravedad del caso. Hay niños que utilizarán psicoestimulantes como el Metilfenidato o las anfetaminas, que son la primera línea de tratamiento; otros se beneficiarán de la combinación de medicamentos como los antipsicóticos atípicos (risperidona, aripiprazol entre otros), que disminuyen la impulsividad. Luego se debe determinar la necesidad de apoyo por psicopedagogo, terapeuta ocupacional o psicólogo según sea cada caso. El usar medicamentos, ¿aumenta el riesgo de ser adicto a las drogas? No se ha demostrado que eso sea así. Incluso, hay cifras que muestran que es al revés: un niño con TDAH que no es tratado tiene más riesgo de usar drogas de abuso que aquel que ha recibido tratamiento.

La Dra. Badilla indica que es difícil precisar con exactitud cuándo decidir llevar a un niño al psiquiatra, pero sí hay alarmas a las que hay que estar atento, como: cambios repentinos en sus conductas, un abrupto bajo rendimiento escolar, cuando ya no desea hacer actividades que antes le eran placenteras, cuando el colegio pide evaluación por problemas relacionales, de aprendizaje o conductuales, cuando no juega y cuando expresa ideas o conductas de hacerse daño o querer morir.

Tartamudez: Ante un niño que se comunica con pronunciación entrecortada o repitiendo sílabas, lo primero que un padre debe hacer es llevar a su niño al otorrino para que éste determine si existe alguna alteración del aparato fonoarticular. Si todo está bien se descarta la parte biológica y podemos pensar que el tratamiento es por una condición emocional, por lo que el niño debe ser transferido a un psiquiatra. Una vez que el niño esté en manos del psiquiatra, éste debe enseñar a su paciente a enfrentar situaciones estresantes, pero deberá auxiliarse de un logopeda para que el niño siga una terapia de lenguaje para que aprenda a mejorar su pronunciación. Los niños con este problema deben ser tratados adecuadamente porque les causa baja en su autoestima por las continuas burlas de sus compañeros. Enuresis nocturna: Por lo general los niños dejan de orinarse en la cama a los tres años, pero hay niños que continúan haciéndolo, estamos ante un síntoma bastante común. La enuresis nocturna puede tener un sinnúmero de causas emocionales, por ejemplo puede ser causada por temores o inseguridades por lo que puede asociarse a algún evento que genera miedo e incertidumbre, podría ser un cambio de casa, la separación de los padres, la muerte de un ser querido, la llegada de un hermanito, problemas escolares, etc. Fobia social: El niño está generado por situaciones sociales con iguales, no en interacción con adultos. La exposición a la situación fóbica casi invariablemente induce respuestas de intensa ansiedad, en el niño muy pequeño, la ansiedad puede expresarse mediante el llanto, rabietas, inmovilización o recogimiento tras la exposición a situaciones sociales con extraños. El problema como vemos en la fobia social, es la socialización con sus compañeros, es una alteración considerable de miedos y temores, o porque el niño se toma demasiado a pecho lo que le dicen: recibe una broma y reacciona mediante conductas extremas que pueden manifestarse con agresividad, introversión, apatía pronunciada y alejamiento de sus semejantes. Depresión: Los niños y adolescentes pueden también padecer depresión, eso interfiere en sus habilidades y desarrollo integral, sólo que sus manifestaciones son ligeramente distintas a los de los adultos, por lo que los padres deben buscar ayuda si aparecen uno o más de los siguientes síntomas: * Tristeza y llanto constante * Pérdida de interés en sus actividades favoritas * Aburrimiento persistente y falta de energía * Quejas frecuentes de enfermedades físicas, como dolor de cabeza o estómago. * Ausencia frecuente a la escuela * Bajo rendimiento escolar * Cambios en el comer y dormir * Menciona que desea escapar de casa * Expresiones suicidas y comportamiento autodestructivo Los niños y adolescentes que se portan mal en casa y en la escuela pueden estar sufriendo depresión sin que nadie se dé cuenta de ello, por lo que los padres deben acercarse más a ellos para percibir cambios en su conducta y así poder buscar ayuda profesional.

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